domingo, 31 de agosto de 2008

Un poema: "Oda a Francisco Salinas", de Fray Luis de León

Hoy queremos recordar uno de los poemas más bellos jamás escritos en lengua alguna sobre la música y sus músicos: esta sublime oda, de 1577, que el excelso poeta conquense Fray Luis de León (1527-1591) dedicara al compositor y organista burgalés Francisco Salinas (1513-1590), músico ciego, compañero suyo en el claustro de la Universidad de Salamanca.



"El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora,
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.

Traspasa el aire todo,
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedora
música, que es de todas la primera.

Ve cómo el gran Maestro,
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente,
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.

¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos!



(Imagen 1: Retrato de Francisco Salinas.)

(Imagen 2: Estatua de Fray Luis de León en Cuenca.)

martes, 26 de agosto de 2008

Recordando un poemario: "Persecuciones", de Bernardino M. Hernando

XV Premio Internacional de Poesía "Antonio Oliver Belmás".
Huerga y Fierro Editores / Editora Regional de Murcia. Octubre 2001.



EN BUSCA DE LA ESENCIA

Quienes conocen a Bernardino M. Hernando de un modo meramente superficial, basado en lo que de él pueda contarse y resumirse dentro de los límites siempre cicateros del currículum, saben de su brillante trayectoria como periodista, de su larga labor docente, en el seno de la Universidad Complutense de Madrid, dedicada a la formación de futuros colegas, y también de su rica faceta de escritor que le coloca como un interesantísimo ensayista y creador literario (su última y enciclopédica obra, La corona de laurel, aparecida en este mismo 2008 tras cinco años de arduo trabajo, es un amplísimo y documentado recuento de los periodistas españoles que llegaron a ingresar en la Real Academia Española, alcanzando así el grado de académicos de la lengua). Pero quienes tenemos la fortuna de conocerle personalmente y de tratarle con regularidad sabemos que Bernardino, ante todo y por encima de todo lo dicho, es un poeta, un verdadero poeta, que incluso cuando impartía sus lecciones universitarias de redacción periodísitca daba ejemplo de tal. Por ello sorprende que hasta hoy su producción estrictamente lírica se reduzca a sólo tres libros, y que un significativo silencio de dos décadas separase la publicación de los dos últimos. Sorpresa, no obstante, condenada a la pronta extinción, pues -acabamos recordando- los verdaderos poetas no le temen al silencio; muy al contrario, en él suelen encontrar la inspiración sublime que les devolverá un día el don de la palabra y el verso. Y eso es cuanto le ocurrió a Bernardino M. Hernando, como bien lo prueban estas excelsas Persecuciones de 2001 que hoy se recuerdan y reseñan aquí.

Al hilo de lo dicho, quizá sean dos los principales méritos que adornan este trabajo extraordinario -ganador del XV Premio Internacional de Poesía "Antonio Oliver Belmás", y tercera de las obras líricas de su autor, como se ha apuntado, tras Crónica de una nostalgia, de 1976, y Paráfrasis, de 1981-: su condición de hijo del tiempo, de la maduración, de la reflexión emocionada, y su textura reveladora sin ambages de ese poeta total que es Bernardino. Poeta no de anécdota sino de espíritu, que piensa lo vivido y escribe en consecuencia, y que, por tanto, se atreve a desentrañar los misterios del hombre y de su experiencia existencial. Empeño ambicioso y noble para el que Bernardino se sirve de la herramienta lógica en alguien cuyo amor por el lenguaje constituye la vida misma: la palabra.



La palabra es, en efecto, el corazón del poemario, la razón que le da sentido. Y mirar el mundo con semejante sensibilidad desencadena las búsquedas, las persecuciones a las que alude el título de la obra; persecuciones, no obstante, que fomentan una irremediable idea doble, idea única de haz pero también de envés -¿perseguimos o somos perseguidos?- que da lugar a momentos de felicísima escritura, como el inaugural "No sigues tú al amor, él te persigue", o el "Ven tras de mí, palabra, / persígueme en la sombra" incluido en la segunda parte. Palabras perseguidas que se anhelan perseguidoras, porque sin ellas el ser humano está perdido y se siente incapaz de explicar la realidad ("¿Cómo era el mundo / cuando tú no estabas?"), a pesar de que la realidad resulta de por sí inexplicable, y el hombre sabe que nunca pisará tierra firme: "Cuando digo tu nombre te poseo / y ya es mi vida diccionario inútil / de posesiones vanas".

Palabras y amor. "Amor es la única palabra que significa amor", se titula la primera de las tres partes de la obra, y ello supone, sí, un juego de palabras, de las sempiternas palabras, pero también mucho más. Desde el primer momento Bernardino parece recordarnos que ellas, realmente, no son más que meras convenciones, tantas y tantas veces imperfectas, lo que al poeta le permite tomar distancia, cultivar la serenidad en poemas breves o estrofas libres, e ir conjugando verbos tanto de luz como de sombra. Bernardino aquí no ha compuesto, pues, poemas de amor, sino lúcidas piezas sobre el amor y sobre su compañero inseparable, el desamor, alcanzando incluso en ocasiones cierto distanciamiento irónico ("Los enamorados no componen poemas, / bastante tienen con amar, / oficio peligroso y ágrafo"), y siempre proponiendo reflexiones nacidas de una profunda sensibilidad: "Todo amor es un sueño, / es la figura expresa de la duda / y el sabor de un naufragio".

Amor/palabra cuyas insuficiencias y abismos conducen al poeta a una nueva persecución que, implícitamente, le llevará a invertir los términos anteriores, convirtiendo el amor/palabra en palabra/amor. Pues como toda una declaración de amor al lenguaje se postula la segunda parte de la obra: "El nombre de las cosas, la palabra"; declaración de amor a esos "caballos galopantes como fieras palabras", a esos "tiernos caballos locos por orden alfabético" que, sin embargo, se desmenuzan sarcásticamente en la genial composición titulada "Arcimboldo", porque, en resumidas cuentas, y como escribe Bernardino algo más adelante, "toda palabra sirve / para todo / y eso es lo más terrible / de cualquier palabra". Las palabras, al fin, acaban desembocando indefectiblemente en la tercera y última parte de Persecuciones, "Que van a dar a la mar"; océano como "metáfora perfecta, / acaso sombra pura de la vida y la muerte". Se llega de tal modo al símbolo supremo, con quien el poeta comparte "un corazón unánime", y en el que quizá quede extinguida la persecución existencial, el ansia de conocer y conocerse, mas no por haberle arrancado a las aguas sabe Dios qué respuestas, sino por la conclusiva inmersión en el "misterio de misterios": "¿Es la muerte la mar, / rotundo cementerio, / o es la vida total?"

Con Persecuciones Bernardino M. Hernando alcanzó una verdadera cima lírica que nos resulta particularmente admirable a quienes le hemos tratado y le tratamos, y ello es así porque nuestro autor supo hacer de esta obra el cauce por donde pudieran fluir los raudales de sensibilidad poética que ya le conocíamos. Decir eso, no obstante, se antoja escaso: Persecuciones no debería quedarse en el reconocimiento de pequeños círculos, destino al parecer ineludible, por otra parte, de la creación lírica en nuestro país. Ojalá la difusión de lo publicado se corresponda aquí con la calidad de lo escrito. Bien lo merece el maestro y el amigo; bien lo merece el gran poeta.

(Foto 1: Bernardino M. Hernando en la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre en la localidad leonesa de Mansilla de las Mulas.)

(Foto 2: Bernardino M. Hernando en la presentación del poemario Siendo en ti aire y oscuro, leyendo su prólogo para la citada obra, en el Café Libertad 8 de Madrid el 10 de febrero de 2005.)

sábado, 23 de agosto de 2008

Jamás la imprudencia...

Jamás la imprudencia quiso vencerme extraño.
Jamás la imprudencia compadeció a un buen hombre.
Por ello, atenderé al espejo, suplicándome.

domingo, 17 de agosto de 2008

Bicentenario de José de Espronceda


Por desgracia, parece estar pasando prácticamente inadvertida la que debería ser una de las efemérides más importantes para la literatura en lengua castellana en este 2008: los primeros doscientos años transcurridos desde el nacimiento del gran escritor extremeño José de Espronceda, esa suerte de "Lord Byron hispánico", sin duda el poeta más prototípico del Romanticismo español, que vino al mundo el 25 de marzo de 1808, y moriría tan sólo treinta y cuatro años después, el 23 de mayo de 1842.

Como bien señalara Ángel del Río en su Historia de la literatura española, "Espronceda tiene arranque lírico. Supo expresar con brío sentimientos que obedecían al influjo de la época y no eran enteramente originales, pero que él hace suyos; que fluyen sinceramente en sus versos. Es el poeta que en la literatura española, en su momento, sintió más la inquietud de los temas universales". Más allá de sus excesos retóricos, formales y temáticos, que de algún modo la alejan de la sensibilidad actual, la obra del escritor de Almendralejo resulta siempre briosa, fluida e impactante, y en ocasiones de una hondura lírica sobresaliente. Cuando el verso español había languidecido en manos de los ilustrados del siglo XVIII, Espronceda supo insuflarle nueva vida, abriéndole de paso caminos ciertos de futuro.

Recordaremos a José de Espronceda, en esta ocasión tan señalada, extrayendo de su poema narrativo El estudiante de Salamanca un memorable fragmento de su parte segunda, bellamente concebido y muy hábilmente desarrollado: el del delirio y la muerte por amor de doña Elvira.

"Vedla, allí va que sueña en su locura
presente el bien que para siempre huyó;
dulces palabras con amor murmura,
piensa que escucha al pérfido que amó.

Vedla, postrada su piedad implora
cual si presente le mirara allí:
vedla, que sola se contempla y llora,
miradla delirante sonreír.

Y su frente en revuelto remolino
ha enturbiado su loco pensamiento,
como nublo que en negro torbellino
encubre el cielo y amontona el viento;

y vedla cuidadosa escoger flores,
y las lleva mezcladas en la falda,
y corona nupcial de sus amores,
se entretiene en tejer una guirnalda.

Y en medio de su dulce desvarío
triste recuerdo el alma le importuna,
y al margen va del argentado río,
y allí las flores echa de una en una;

y las sigue su vista en la corriente,
una tras otra rápidas pasar,
y confusos sus ojos y su mente
se siente con sus lágrimas ahogar;

y de amor canta, y en su tierna queja
entona melancólica canción,
canción que el alma desgarrada deja,
lamento ¡ay! que llaga el corazón.

***

¿Qué me valen tu calma y tu terneza,
tranquila noche, solitaria luna,
si no calmáis del hado la crudeza,
ni me dais esperanza de fortuna?

¿Qué me valen la gracia y la belleza,
y amar como jamás amó ninguna,
si la pasión que el alma me devora
la desconoce aquel que me enamora?

***

Lágrimas interrumpen su lamento,
inclina sobre el pecho su semblante,
y de ella en derredor susurra el viento
sus últimas palabras, sollozante."

miércoles, 6 de agosto de 2008

Aunque brote vivaz y presumido...

Aunque brote vivaz y presumido
el poema sucumbe a su mensaje,
mas no al final, de sílabas follaje,
que viene ya del tallo sometido

a despecho del truco: guarecido
el concepto, dejar cielo en celaje
y en la justa expresión guardar ropaje,
azul pleno del tropo conseguido.

Lamenta quien escribe el torpe empeño
de administrar la vida al condenado
que nace y por el tono de su sueño

se pierde, mas el fondo, puro alado
no abandona al poeta ni a su isleño
destino: ya la música ha quedado.

LIBROS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, n°117, Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, nº 217, Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, n° 527, Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).

Sinfonía de las palabras. Textos de Antonio Daganzo. Edición de Vicente Etxarte.

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