jueves, 27 de mayo de 2010

Reseña de Jorge de Arco sobre los poemarios "Cuaderno de Boccaccio" y "Mientras viva el doliente"

Es ahora el querido poeta y profesor Jorge de Arco (Madrid, 1969) quien, muy gentilmente, ha tenido la amabilidad de reseñar mi nuevo poemario. Además, Jorge -a quien expreso mi agradecimiento más vivo- me ha hecho un inesperado regalo que celebro sobremanera: sus generosas palabras acerca de Mientras viva el doliente han tenido cabida en una reseña conjunta donde también se glosa el precioso poemario Cuaderno de Boccaccio, que ha visto publicado recientemente -tras previo galardón en Alcalá de Henares, Madrid- mi entrañable amigo Francisco Caro (Piedrabuena, Ciudad Real, 1947).

Dejo aquí el enlace para poder acceder al texto de Jorge de Arco, que, bajo el título de "Dos voces, dos tiempos", ha aparecido tanto en las páginas impresas como en la versión digital del periódico "Andalucía Información".

http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=125401&i=8&f=0&b=1029

miércoles, 26 de mayo de 2010

Reseña de Rafael Morales Barba sobre el poemario "Mientras viva el doliente"

El poeta, crítico literario, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, antólogo y gran estudioso de la poesía española contemporánea Rafael Morales Barba (Madrid, 1958) ha sido tan amable -y por ello le expreso toda mi gratitud- de escribir una excelente reseña a propósito de mi nuevo libro, recientemente presentado, Mientras viva el doliente. Dicha reseña ha aparecido publicada en una de las bitácoras digitales de referencia ya en el universo de las letras hispánicas: "Asamblea de palabras", blog caudaloso y absolutamente necesario debido al poeta Francisco Cenamor (Leganés, Madrid, 1965).

Dejo aquí el enlace para poder acceder al texto de Rafael Morales Barba.

http://franciscocenamor.blogspot.com/2010/05/el-profesor-de-filologia-rafael-morales.html

sábado, 15 de mayo de 2010

Palabras de Francisco Caro en la presentación madrileña de "Mientras viva el doliente"




SANGRE AL PAPEL VERTIDA

"Créanme, he intentado recordar cómo y cuándo conocí por vez primera a Antonio Daganzo y no lo he conseguido. Lo que sí sé es que su presencia se ha ido consolidando en el ambiente poético madrileño como un aroma que se anunció tímidamente para convertirse después en imprescindible. Hoy es él, un nuevo libro suyo, quien nos convoca, Mientras viva el doliente, en una edición muy cuidada, solapada, de Vitruvio (bien sabemos cómo se lo merece), que además ha obtenido la distinción de Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía.

Mientras viva el doliente es su tercera entrega, tras Siendo en ti aire y oscuro y Que en limpidez se encuentre, pero una tercera entrega que de ningún modo es punto y seguido, sino un aparte poderoso y necesario. La poesía, bien sabemos, es algo distinto a los asuntos de los que trata -me acojo a las palabras de Alejandra Pizarnik: ¿si digo pan, comeré? ¿si digo agua, beberé?- pero hay que decir inmediatamente que la poesía surge de la mirada del poeta sobre los asuntos, sobre las cosas; que las palabras surgen del tacto de los ojos, "del roce de la luz sobre las cosas".

Es el caso del libro de Antonio, su voz se ha posado sobre un pasado que acecha, sobre la enfermedad infantil, que lo acogió, que le aquejó. Y hay que decir pronto que alrededor del reto que supone su recuerdo, su advertencia, su derrota, se articula la poesía que contiene el libro. Un libro construido durante tiempo con una voz atenta y dúctil. El sonar del metal, persistente de su segundo libro, ha sido sustituido por el calor morado del contrabajo, por el matizado púrpura del chelo. La antigua invitación al canto de lo externo es ahora intimidad de diálogo ofrecido.

Mientras viva el doliente habla del dolor. No del intemporal o metafísico a lo Blas de Otero o Vicente Gaos, sino del disturbio concreto e incesante que conduce al doliente hasta las preguntas. (Sano se cree / el que vive de espaldas a sus lágrimas, dice) Éste es un libro singular, uno en la vida, en la escritura de un poeta. Difícilmente puede continuarse. Nace de la persona única que vive en el autor y que es anterior al poeta. Un libro que se escribe una sola vez y no sin sufrir en cada y todas las articulaciones. (Morir para matarme el desaliento, dice).

También para esto sirve la poesía -no es tan inútil como suponemos-, para hablar de los hombres que orinan el dolor, en palabras de Boccaccio. No se trata aquí de ser hímnico o su contrario, de líneas claras, automáticas o puras, no, aquí se trata de atar bien el andamio, como diría Eladio Cabañero; se trata de contar para salvarse, de hablar de la desolación, de explicar lo fungible, de anotar el ensueño como futuro, de recoger en un libro toda esa sacudida. (Enfermedad soy yo, mas también soy su silencio, su dormir impasible, dice).




Hay en todo el poemario, articulado en tres grandes zonas, una seria alegría. Las palabras, los versos, los poemas se suceden, dialogan entre ellos con un ritmo de serena confianza, con una gravedad de melodía alborozada. El poeta contiene los automatismos, tan visibles en su libro anterior, en busca de un discurso más acorde con la realidad emocionada, con la ternura de muchos de sus pasajes. Y es que en poesía, dicen, lo primero es el temblor, luego el camino y su conocimiento. (Hospedaje de un cuerpo que se sabe maldito / y busca en cada aire los fusiles, dice el poema que sirve de apertura).

En la parte primera, "Reflexión del doliente", el lenguaje de los 14 apartados que la componen se acomoda a la intención del título, reflexión que no es otra que la de compartir la experiencia, la necesidad de definir la perturbación, pero también la agudeza en la percepción de la vida que la enfermedad genera. No sé si hasta el límite de Novalis, poeta de muerte temprana y acuciado por la idea de lo insano, "la verdad –decía Novalis- es un error total; como la salud, una enfermedad también total". Porque es desde la atalaya de la falta de salud, sensación ya intelectualizada, desde donde nos escribe Antonio Daganzo para ver con otros dolientes, para ser con otros dolientes, o simplemente con otros, para conversar con ellos, para saberse y hacerles saber. (Para callar también / saber que los discursos son inútiles / ante el silencio íntimo de un cuerpo, dice).

Después, segundo cuerpo, el reto de los nueve sonetos centrales donde asoma el coraje del dictado, de la introversión personal y poética. Sonetos en los que el poeta prima el expresionismo de los acordes, las rabias del impulso poético ante la tentación de lo melódico. Donde el poeta prefiere la palabra como emoción sobre el concepto a su contención en los cauces del discurso. Sonetos en donde el doliente se alza con su voz hasta la altura del desafío que la enfermedad propone, que no es otro que el rostro de la muerte, a la que el poeta llega a llamar hermana. Porque el doliente, el poeta, acompañado de las otras realidades que la vida le ha proporcionado, se sitúa, por fin, horizontal a los ojos del dolo, a la llamada de los "perros de arena" que bucean y rasgan en su vientre, en sus pulmones. Y habla con ellos, y discute con ellos y los reta y les dice que ya no prosperarán. (¿A quién daréis la paz, perros de arena, si sois del miedo afán y madrugada?, se pregunta).

No falta -es libro de Antonio Daganzo- un magnífico poema-río, "El caminante y la fiebre", que recomiendo, donde el hombre camina desde la fiebre física al albor de la fiebre poética, pero yo quiero resaltar la tercera zona del libro, aquella que conduce a la remembranza de los hechos, a los autos necesarios en el proceso al miedo, que es el libro. Poética de lo directo, de la casa, del niño triste, de la mano en la herida, sin confusión posible, de la historia de un corazón curado por otro corazón. La voluntad de un niño desacordado por la fiebre, desanudado, y de una madre plena de voluntad y de sentido. Un niño que atisba cómo la escritura sana. Hay aquí un predominio de la sencillez en el discurso, porque es así como se dan las gracias, sencillamente, porque no hay camino más recto que el del amor para la cura de las llagas, no hay mejor manera para contarlo que tanta claridad sonora como en estos poemas se contiene. (Sangre al papel vertida / amenazando lluvia, dice)

Y yo digo, para terminar, que he visto en el poeta el mismo y distinto hombre al que fuera doliente. Otro, es el lugar del tiempo enfermo. Hasta él escribe, para repensarlo, para entablar conversación con él, para decirle que le permite caminar a su lado, tal vez junto a él, pero no con él. No hay conformidad, ni perdón ni condena. Él ya es otro también, el mismo pero otro. Libre de miedos. No precisa de olvido. Un doliente que escribe, un doliente que vive. Y que viene a contárnoslo. Vale."


El escritor manchego Francisco Caro (Piedrabuena, 1947) es uno de los nombres más interesantes en el actual panorama de la poesía española, e, indudablemente, una de las voces que mejor saben cantar a la propia poesía, uno de los grandes "metapoetas" de nuestro país. Su última obra así ha venido a corroborarlo: Cuaderno de Boccaccio, Premio de Poesía "Ciudad de Alcalá" - 2009.


(Fotos 1 y 2: Imágenes tomadas durante la presentación de Mientras viva el doliente en Madrid, el pasado 13 de mayo, en el Taller Literario de la Asociación Colegial de Escritores.)

jueves, 6 de mayo de 2010

Presentación en Madrid de "Mientras viva el doliente"




El próximo día 13 de mayo, a las 19:30 hrs., y en el marco de la Asociación Colegial de Escritores (c/ Covarrubias, nº 3), se celebrará la presentación en Madrid del tercero de mis poemarios publicados, Mientras viva el doliente (Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 217), Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).

En la obra desarrollo el crucial tema de la enfermedad, planteando un recorrido lírico trazado desde la reflexión, la experiencia y también la imaginación, y donde la vida reclama el gozo del presente pese a la naturaleza efímera de la condición humana.

Para la presentación madrileña de Mientras viva el doliente contaré con las palabras previas de un entrañable amigo: el sobresaliente poeta manchego Francisco Caro, que acaba de ver publicada una nueva, singular y excelente obra: Cuaderno de Boccaccio, Premio de Poesía "Ciudad de Alcalá" en 2009. También me acompañará mi editor, e igualmente gran amigo, Pablo Méndez, autor, así mismo, de un magnífico poemario recientemente editado: Ana Frank no puede ver la luna.

Como el pasado 28 de abril en Arganda del Rey, seguro que el 13 de mayo tendremos ocasión de disfrutar de otra amena velada.

OBRAS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n°117; Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 217; Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n° 527; Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).


CARRIÓN
Ediciones Vitruvio, Colección de narrativa "De Jaque Libros", nº 4; Madrid, 2017.

Sinfonía de las palabras. Textos de Antonio Daganzo. Edición de Vicente Etxarte.

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