viernes, 12 de septiembre de 2008

Averiguar...

Averiguar
si la blancura de tu rostro
es correo del alma
o página desnuda:
las palabras se amontonan generosas
y se despeñan por entre las ausencias,
y hay entonces
un crepitar del mundo
porque lo desafío y pierdo
inventándote vida que viviste distinta,
marcada con el surco imborrable de la tierra.
La blancura de tu rostro es,
baliza y savia,
mudanza de los vientos.

De la colección de poemas "Cuanto para ti voy inventando", publicada en el volumen "Nuevos autores de la poesía española/3", de la serie "Poesía española contemporánea" (Sevilla, 2001).

jueves, 4 de septiembre de 2008

Comentario musical: Hablemos (por fin) de ópera española



Con ocasión de las funciones que el Teatro Real de Madrid brindó entre diciembre de 1999 y enero de 2000 de la recuperada ópera Margarita la tornera, de Ruperto Chapí, el profesor y crítico musical Luis G. Iberni tuvo oportunidad de recordar unas palabras que se le deben a nuestro no menos ilustre Tomás Bretón, en el contexto de un homenaje rendido precisamente al maestro de Villena. "¿Os gusta en verdad la nueva ópera española...?", preguntaba Bretón retóricamente y con cierto sarcasmo, para después continuar de la siguiente forma: "Pues aprovechad los instantes, corred y no perdáis audición, porque se dará seis u ocho veces todo lo más, y sólo Dios sabe cuándo tendréis ocasión de volverla a oír". Pocas veces se habrá expresado de modo más certero el general destino de la creación operística llevada a cabo por los muchos compositores de nuestro país que se acercaron a la expresión artística por antonomasia del teatro lírico universal, la ópera, que en 2007 celebró sus ya cuatro siglos de existencia, pues por convención se asimila la fecha de su nacimiento a la del estreno, en 1607, del Orfeo de Claudio Monteverdi.

Que un país como España, con una tradición de teatro lírico a sus espaldas extraordinariamente rica, no haya conseguido en el decurso de la historia imponer criterios y creaciones de rango universal en lo tocante al género operístico, resulta de todo punto sorprendente. O así nos lo parecería si no estuviésemos tan acostumbrados a despreciar lo que de excelente surgió, ha surgido y sigue surgiendo entre nosotros. Bien se conoce una de las más dañinas derivaciones del sentimiento de inferioridad: la de estrangular lo bueno para enfangarse en lo malo. Y si ello ya es triste en líneas generales, mayor tristeza causa ver metido en tal dislate a España, un país de pujante realidad plurinacional e inmensos artistas, y cuna de músicos tales como De Victoria, Albéniz o Falla -importantes operistas los dos últimos, por cierto-.



Si nuestra historia operística es la que es, a pesar de haber contado con un teatro lírico tan palpitante como para haber creado un género propio, la zarzuela, en ello tiene mucha culpa la propia sociedad española. Y semejante certeza crece a medida que se va recuperando y conociendo el patrimonio operístico español, de una altura y una ambición indudables. Resulta necesario aquí refutar categóricamente las tesis de Benito Pérez Galdós, que, en su labor de crítico musical, y como nos ha recordado José María Martín Triana, llegó a escribir que los españoles éramos incapaces de componer una buena ópera que recorriese en triunfo el mundo civilizado, recomendando, consecuentemente, el cultivo de la zarzuela, subgénero que se nos daba muy bien ya que es "arte modesto; aquí nace, aquí vive y jamás ha pasado los Pirineos". Al respecto es preciso señalar que si ninguna ópera española ha acabado cosechando los laureles universales aludidos por Galdós ello no ha sido por una falta de calidad en los productos artísticos, ni mucho menos por problemas idiomáticos. Digámoslo con claridad: para alcanzar un triunfo así se necesita, antes de nada, el reconocimiento al artista y su labor por parte de la misma sociedad de procedencia. Quien ni cuenta con el aplauso de los suyos, ¿cómo va a persuadir a los otros de sus bondades? La historia operística española no es tanto una pesadilla sobre el fracaso como el relato de una incomprensión, amén de la crónica de cuantos impedimentos socio-políticos y socio-económicos jalonaron tan accidentada andadura. Y, por supuesto, debemos evitar caer en la fácil trampa de considerar a la zarzuela, sin menospreciarla en absoluto, como destino inevitable: tiempo hubo en que fue la ópera, y no la zarzuela, el principal desvelo para el teatro lírico español.

En los últimos años la musicología de este país ha demostrado un interés creciente por nuestro patrimonio operístico; interés que no por tardío resulta menos elogiable. Tal circunstancia ha hecho posible la recuperación de títulos fundamentales de lo que hubiera debido ser el repertorio lírico hispano de mayor ambición, y de este modo los melómanos más inquietos, mediante artículos, ensayos, e incluso representaciones y grabaciones, hemos podido descubrir joyas que van desde el Barroco a las corrientes post-wagnerianas, pasando por el primer Romanticismo o las influencias de un Meyerbeer. Ello ha supuesto, de paso, cierta revitalización de cuanto ya se conocía -bien poco, por otra parte-, lo cual ha generado algo así como una "conciencia operística española" que, sin embargo -no nos engañemos-, amenaza con la no trascendencia, con quedarse en el mundillo estrictamente académico, sin una repercusión real en la sociedad o incluso en ámbitos de audiencia bien formada. Porque si al establecido repertorio de la llamada "música clásica" ya le cuesta muy mucho alcanzar cierto grado de "popularidad", imaginemos por un instante la dificultad que puede entrañar la instalación de estas recobradas partituras en el imaginario colectivo, si no se cuenta con el pertinente apoyo por parte, por ejemplo, de los medios de comunicación.

En su famoso manifiesto titulado Por nuestra música, el gran compositor -operista asimismo- y musicólogo catalán Felip Pedrell puso negro sobre blanco cierto comentario que, si no fuera por su trascendencia trágica y su regusto a derrota ineluctable, resultaría jocoso: "Si hay en el mundo cuestiones que seguirán sin resolver el último día del astro, estas cuestiones son la de Oriente en Europa y la de la ópera española... en España". Amarga reflexión cuyo posible y final cumplimiento debe ser impedido a toda costa en lo que hoy puede afectarnos en mayor medida: una escasa percepción y recepción por parte del público del patrimonio operístico de nuestro país, existente, y de qué manera, pese a todo y pese a tantos. En esa línea, a los medios de comuniación españoles les corresponde una buena cuota de responsabilidad en el acercamiento crítico y pormenorizado al género. Los operistas de nuestro país, los de ayer y también los de hoy, se hallan, pues, a la expectativa.



(Imagen 1: Retrato de Ruperto Chapí.)

(Imagen 2: Isaac Albéniz componiendo.)

(Imagen 3: Retrato de Felip Pedrell, en su juventud.)

Artículo publicado en el número correspondiente al mes de noviembre de 2007 de "La Gaceta Cultural de Rivas", en Rivas-Vaciamadrid.

domingo, 31 de agosto de 2008

Un poema: "Oda a Francisco Salinas", de Fray Luis de León

Hoy queremos recordar uno de los poemas más bellos jamás escritos en lengua alguna sobre la música y sus músicos: esta sublime oda, de 1577, que el excelso poeta conquense Fray Luis de León (1527-1591) dedicara al compositor y organista burgalés Francisco Salinas (1513-1590), músico ciego, compañero suyo en el claustro de la Universidad de Salamanca.



"El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora,
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.

Traspasa el aire todo,
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedora
música, que es de todas la primera.

Ve cómo el gran Maestro,
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente,
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.

¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos!



(Imagen 1: Retrato de Francisco Salinas.)

(Imagen 2: Estatua de Fray Luis de León en Cuenca.)

martes, 26 de agosto de 2008

Recordando un poemario: "Persecuciones", de Bernardino M. Hernando

XV Premio Internacional de Poesía "Antonio Oliver Belmás".
Huerga y Fierro Editores / Editora Regional de Murcia. Octubre 2001.



EN BUSCA DE LA ESENCIA

Quienes conocen a Bernardino M. Hernando de un modo meramente superficial, basado en lo que de él pueda contarse y resumirse dentro de los límites siempre cicateros del currículum, saben de su brillante trayectoria como periodista, de su larga labor docente, en el seno de la Universidad Complutense de Madrid, dedicada a la formación de futuros colegas, y también de su rica faceta de escritor que le coloca como un interesantísimo ensayista y creador literario (su última y enciclopédica obra, La corona de laurel, aparecida en este mismo 2008 tras cinco años de arduo trabajo, es un amplísimo y documentado recuento de los periodistas españoles que llegaron a ingresar en la Real Academia Española, alcanzando así el grado de académicos de la lengua). Pero quienes tenemos la fortuna de conocerle personalmente y de tratarle con regularidad sabemos que Bernardino, ante todo y por encima de todo lo dicho, es un poeta, un verdadero poeta, que incluso cuando impartía sus lecciones universitarias de redacción periodísitca daba ejemplo de tal. Por ello sorprende que hasta hoy su producción estrictamente lírica se reduzca a sólo tres libros, y que un significativo silencio de dos décadas separase la publicación de los dos últimos. Sorpresa, no obstante, condenada a la pronta extinción, pues -acabamos recordando- los verdaderos poetas no le temen al silencio; muy al contrario, en él suelen encontrar la inspiración sublime que les devolverá un día el don de la palabra y el verso. Y eso es cuanto le ocurrió a Bernardino M. Hernando, como bien lo prueban estas excelsas Persecuciones de 2001 que hoy se recuerdan y reseñan aquí.

Al hilo de lo dicho, quizá sean dos los principales méritos que adornan este trabajo extraordinario -ganador del XV Premio Internacional de Poesía "Antonio Oliver Belmás", y tercera de las obras líricas de su autor, como se ha apuntado, tras Crónica de una nostalgia, de 1976, y Paráfrasis, de 1981-: su condición de hijo del tiempo, de la maduración, de la reflexión emocionada, y su textura reveladora sin ambages de ese poeta total que es Bernardino. Poeta no de anécdota sino de espíritu, que piensa lo vivido y escribe en consecuencia, y que, por tanto, se atreve a desentrañar los misterios del hombre y de su experiencia existencial. Empeño ambicioso y noble para el que Bernardino se sirve de la herramienta lógica en alguien cuyo amor por el lenguaje constituye la vida misma: la palabra.



La palabra es, en efecto, el corazón del poemario, la razón que le da sentido. Y mirar el mundo con semejante sensibilidad desencadena las búsquedas, las persecuciones a las que alude el título de la obra; persecuciones, no obstante, que fomentan una irremediable idea doble, idea única de haz pero también de envés -¿perseguimos o somos perseguidos?- que da lugar a momentos de felicísima escritura, como el inaugural "No sigues tú al amor, él te persigue", o el "Ven tras de mí, palabra, / persígueme en la sombra" incluido en la segunda parte. Palabras perseguidas que se anhelan perseguidoras, porque sin ellas el ser humano está perdido y se siente incapaz de explicar la realidad ("¿Cómo era el mundo / cuando tú no estabas?"), a pesar de que la realidad resulta de por sí inexplicable, y el hombre sabe que nunca pisará tierra firme: "Cuando digo tu nombre te poseo / y ya es mi vida diccionario inútil / de posesiones vanas".

Palabras y amor. "Amor es la única palabra que significa amor", se titula la primera de las tres partes de la obra, y ello supone, sí, un juego de palabras, de las sempiternas palabras, pero también mucho más. Desde el primer momento Bernardino parece recordarnos que ellas, realmente, no son más que meras convenciones, tantas y tantas veces imperfectas, lo que al poeta le permite tomar distancia, cultivar la serenidad en poemas breves o estrofas libres, e ir conjugando verbos tanto de luz como de sombra. Bernardino aquí no ha compuesto, pues, poemas de amor, sino lúcidas piezas sobre el amor y sobre su compañero inseparable, el desamor, alcanzando incluso en ocasiones cierto distanciamiento irónico ("Los enamorados no componen poemas, / bastante tienen con amar, / oficio peligroso y ágrafo"), y siempre proponiendo reflexiones nacidas de una profunda sensibilidad: "Todo amor es un sueño, / es la figura expresa de la duda / y el sabor de un naufragio".

Amor/palabra cuyas insuficiencias y abismos conducen al poeta a una nueva persecución que, implícitamente, le llevará a invertir los términos anteriores, convirtiendo el amor/palabra en palabra/amor. Pues como toda una declaración de amor al lenguaje se postula la segunda parte de la obra: "El nombre de las cosas, la palabra"; declaración de amor a esos "caballos galopantes como fieras palabras", a esos "tiernos caballos locos por orden alfabético" que, sin embargo, se desmenuzan sarcásticamente en la genial composición titulada "Arcimboldo", porque, en resumidas cuentas, y como escribe Bernardino algo más adelante, "toda palabra sirve / para todo / y eso es lo más terrible / de cualquier palabra". Las palabras, al fin, acaban desembocando indefectiblemente en la tercera y última parte de Persecuciones, "Que van a dar a la mar"; océano como "metáfora perfecta, / acaso sombra pura de la vida y la muerte". Se llega de tal modo al símbolo supremo, con quien el poeta comparte "un corazón unánime", y en el que quizá quede extinguida la persecución existencial, el ansia de conocer y conocerse, mas no por haberle arrancado a las aguas sabe Dios qué respuestas, sino por la conclusiva inmersión en el "misterio de misterios": "¿Es la muerte la mar, / rotundo cementerio, / o es la vida total?"

Con Persecuciones Bernardino M. Hernando alcanzó una verdadera cima lírica que nos resulta particularmente admirable a quienes le hemos tratado y le tratamos, y ello es así porque nuestro autor supo hacer de esta obra el cauce por donde pudieran fluir los raudales de sensibilidad poética que ya le conocíamos. Decir eso, no obstante, se antoja escaso: Persecuciones no debería quedarse en el reconocimiento de pequeños círculos, destino al parecer ineludible, por otra parte, de la creación lírica en nuestro país. Ojalá la difusión de lo publicado se corresponda aquí con la calidad de lo escrito. Bien lo merece el maestro y el amigo; bien lo merece el gran poeta.

(Foto 1: Bernardino M. Hernando en la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre en la localidad leonesa de Mansilla de las Mulas.)

(Foto 2: Bernardino M. Hernando en la presentación del poemario Siendo en ti aire y oscuro, leyendo su prólogo para la citada obra, en el Café Libertad 8 de Madrid el 10 de febrero de 2005.)

sábado, 23 de agosto de 2008

Jamás la imprudencia...

Jamás la imprudencia quiso vencerme extraño.
Jamás la imprudencia compadeció a un buen hombre.
Por ello, atenderé al espejo, suplicándome.

OBRAS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n°117; Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 217; Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n° 527; Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).


CARRIÓN
Ediciones Vitruvio, Colección de narrativa "De Jaque Libros", nº 4; Madrid, 2017; 2ª edición, 2018.
Premio de Narrativa "Miguel Delibes" de Valladolid - 2018.


LOS CORAZONES RECIOS
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 752; Madrid, 2019.
Lectura recomendada por la revista "Turia".