sábado, 1 de noviembre de 2008

Comentario musical - Antonio José: la música recobrada



En estos esperados días en que nuestro país parece afrontar definitivamente la recuperación de su memoria histórica, o para dejarnos de eufemismos, el reconocimiento a tantas víctimas inocentes de la sinrazón franquista, y cumplido ya el 75º aniversario de la proclamación de la II República Española, resulta absolutamente indispensable asentar con una mayor amplitud de panorama -es decir, no sólo en el ámbito de la música culta sino también en el de la cultura general- la figura del compositor castellano Antonio José, quien estaba llamado a ser, según nada menos que Maurice Ravel, "el gran músico español del siglo XX", y que, por el contrario, hubo de compartir trágico destino con Federico García Lorca al ser asesinado en 1936, al poco tiempo de comenzar la Guerra Civil. Concretamente la madrugada entre los días 8 y 9 de octubre de aquel fatídico año Antonio José cayó abatido en el Monte de Estépar, a veinte kilómetros de Burgos, víctima del fuego desatado por los enemigos de la legitimidad, la inteligencia y el progreso.

Antonio José Martínez Palacios, sencillamente Antonio José para el mundillo artístico, había nacido en la misma ciudad de Burgos en 1902. Desde niño tuvo ocasión de demostrar sus extraordinarias aptitudes musicales, y pronto pudo ampliar sus estudios en Madrid gracias a una beca que le había concedido la Diputación de su provincia. En 1925 inició su carrera profesional como docente, y hasta 1929 enseñó música en Málaga; período durante el cual viajó a París en un par de ocasiones, becado nuevamente, y cumpliendo así con lo que se había convertido en el rito de juventud para todo compositor español que se preciase.

En el citado año de 1929 volvió a su ciudad natal para asumir la dirección del Orfeón Burgalés, cargo que ocupó durante la etapa republicana. Precisamente al comienzo de aquellos años, en 1932, le fue concedido el Premio Nacional de Música por su trabajo de investigación sobre el folklore musical de su tierra natal, que le valió la invitación a participar, ya en 1936, en el importantísimo, aún recordado Tercer Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología que se celebró en Barcelona. Cuando su carrera, pues, se encaminaba decididamente al punto máximo de su reconocimiento, Antonio José se vio sorprendido por la sublevación militar de 1936. Inocente de todo punto como lo era, el artista no se preocupó de huir; se creyó a salvo, sin contar con que al haber representando en su añeja ciudad, quizá mejor que nadie, los valores progresistas de la República, se había ganado irremediablemente el odio del conservadurismo socio-político español. Una falsa y absurda acusación de "espionaje e incitación a la rebelión", aderazada con el delirante argumento de haber simpatizado "con los judíos" (sic), se encargó de precipitar la tragedia. Y se cuenta que, pocos segundos antes de ser acribillado por las balas, un digno Antonio José, lleno de coherencia consigo mismo y de compromiso con la cultura y la sociedad, proclamó la religión constante de su vida, con el grito conmovedor de "¡Viva la música!".



La obra que Antonio José tuvo tiempo de legarnos demuestra sobradamente que el juicio de Maurice Ravel citado al inicio de estas líneas estaba bien fundado. Al margen de algunas carencias formales que ya señaló en su momento el musicólogo Adolfo Salazar -y que se hacen especialmente evidentes en el primer movimiento de su temprana Sinfonía castellana-, la música de Antonio José destaca sobremanera por el tratamiento exquisito que realiza del material directamente tomado del folklore; exquisitez lograda merced al refinamiento y exuberancia del color instrumental en sus composiciones orquestales, y siempre gracias a su prodigioso trabajo en la armonía, directamente influido por las novedades que llegaban de Francia, y singularmente loable en su obra coral, donde lo castellano alcanza una cota insuperable de universalidad, y en la pianística, donde causan asombro composiciones como el Poema de la juventud o la Sonata gallega. Con todo, y en este proceso de recuperación de su legado que en los últimos años ha venido desarrollándose, aún nos falta una pieza capital para entender la extraordinaria estatura de nuestro hombre como creador; y es que el pasado 2005, año de conmemoración cervantina, nuestro país perdió una ocasión de oro para poner en escena -pues se halla lista para ello- la quijotesca ópera de Antonio José El mozo de mulas, que el compositor dejó terminada, y casi totalmente orquestada, antes de ser asesinado. En cualquier caso, lo que ya conocemos de la obra es portentoso: un "Preludio" impresionista, pero que no olvida al Wagner más melódico en su intenso lirismo, y una "Danza popular" que, como ocurre con el Falla de la "Jota" final de El sombrero de tres picos, reinterpreta la característica fuerza orquestal de Ravel.

Por su colorido, su sustrato popular y su carácter sabiamente ingenuo -al respecto resulta muy significativo que una de sus obras orquestales precisamente se titule Suite ingenua-, quizá la obra de Antonio José, de haber podido crecer y madurar con normalidad, hubiera completado estéticamente a la del célebre Joaquín Rodrigo -músico estrictamente coetáneo del burgalés-; quizá incluso Antonio José era el llamado a disfrutar de la fama y el prestigio de los que finalmente Rodrigo gozó. El caso es que, tras el referido y vergonzoso asesinato, y años ulteriores de olvido, desinterés institucional e interesada marginación por parte de algunos, nuestro país ha recobrado finalmente la música de Antonio José. Tocar ahora coronar el esfuerzo de estos últimos años con la normal inclusión y definitiva presencia del creador burgalés entre los nombres históricos de la composición española. Y toca también, por supuesto, hacer de su música alimento cotidiano y orgullo cultural para todo un país. Pongámonos a ello.



(Imágenes 1 y 3: Retratos de Antonio José.)

(Imagen 2: Grupo de intelectuales burgaleses en 1934; Antonio José es el tercero por la izquierda.)

Artículo publicado en el número correspondiente al mes de junio de 2006 de "La Gaceta Cultural de Rivas", en Rivas-Vaciamadrid.

1 comentario:

Bob Long dijo...

Bueno.Poco a poco, como mucha gente tiene la oportunidad para escuchar la obra de este músico de tan talento enorme, sus composiciones tienen la oportunidad de entenderse y de apreciados. Gracias por tu blog. Lo más importante es que otros escuchan y empezan a aprender la impotancia en la música contemporánea de su vida.

LIBROS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, n°117, Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, nº 217, Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, n° 527, Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).

Sinfonía de las palabras. Textos de Antonio Daganzo. Edición de Vicente Etxarte.

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