domingo, 30 de noviembre de 2008

Un poema: "El desdichado", de Justo Jorge Padrón



Sin duda alguna, es Justo Jorge Padrón (Las Palmas de Gran Canaria, 1943) nuestro poeta que ha cosechado en vida mayor reconocimiento internacional. De vena clásica, fecunda inspiración y amplísima obra -igual que la de su admirado Pablo Neruda-, resulta una inolvidable experiencia escuchar a este gran escritor recitar de memoria -"par coeur", como él diría- sus encendidos versos. Quienes compartimos con él la maravillosa velada literaria que se celebró el pasado viernes 28 de noviembre en la Casa del Libro de la calle Alcalá de Madrid, en el marco de la Tertulia Literaria "Alcalá 96" -coordinada por Pablo Méndez-, tuvimos, además, la fortuna de deleitarnos con las mil y una anécdotas, relatadas por él mismo con cadencia y tono admirables, que vinculan a Justo con los nombres más relevantes de la poesía contemporánea mundial.

Recordaremos hoy aquí este brillante soneto de Justo Jorge Padrón: un escritor total en cuya compañía cabe hundirse hasta el fondo en el misterio poético.


EL DESDICHADO

"¿Qué sombra del infierno me maltrata?
¿De qué dios vengativo es el castigo
de tener en mí mismo a mi enemigo
y ser el propio fuego que me mata?

Yo soy el daño que me apresa y ata
al poste del tormento que maldigo.
Soy mi dolor callado, y a quien sigo
en la infiel convicción que me delata.

Avivar esa hoguera que me ciega
es ansia y agonía y hondo exceso.
Sentir como placer mi solo llanto,

buscar en mí lo que el vivir me niega,
para hendir con mis manos hasta el hueso
el acerado filo del quebranto."

(Imagen: Justo Jorge Padrón recibiendo el Premio Internacional "La Espiga de Oro Marco Antonio Corcuera", el 16 de abril de 2008, en Trujillo, Perú.)

miércoles, 26 de noviembre de 2008

"La exactitud del instante", primer poemario de Alejandro Fernández-Osorio



Como el número 169 de la Colección Baños del Carmen de Ediciones Vitruvio, acaba de aparecer en las librerías el primer poemario del joven escritor asturiano, y entrañable amigo, Alejandro Fernández-Osorio (Villallana, 1984). La presentación propiamente dicha de La exactitud del instante tendrá lugar el jueves 27 de noviembre, a las 20:00 hrs., en la Delegación del Principado de Asturias en Madrid (C/ Santa Cruz de Marcenado nº 2).

Valga como adelanto del libro el sencillo y conmovedor poema que reproducimos a continuación:


"Es ante mí, comiendo un trozo de pan,
una mujer, anciana.
Doce, treinta, ochenta años...

Tras la sequía de su piel
parece asomar algún recuerdo y sonríe.

Descansa las manos en sus rodillas,
me mira,
la miro
y la vejez se escapa

como un bando de pájaros se escapa
cuando un niño lanza una piedra al verde sueño del almendro."

domingo, 23 de noviembre de 2008

Miguel Galanes en la Tertulia "Rafael Montesinos"



El gran escritor, y muy buen amigo, Miguel Galanes protagonizará la sesión 1611ª de la veteranísima y excelente Tertulia Literaria Hispanoamericana "Rafael Montesinos", que se celebrará el martes 25 de noviembre, a las 19:30 hrs., en el Colegio Mayor "Nuestra Señora de Guadalupe" de Madrid (Avenida de Séneca nº 4), como es costumbre en los últimos tiempos. A lo largo de su lectura, Galanes nos deleitará con poemas publicados e inéditos, siendo previamente presentado por otro poeta manchego no menos magnífico: el muy querido amigo también Francisco Caro.

He aquí un hermoso y clarividente poema de Miguel Galanes para ir abriendo boca:


"Un hueco en el aire:
delgadez de los gestos,
luz sin techumbre,
paredes de silencio,
si me preguntan
para quién escribo.

Ahí, los amantes
su mirada han dejado
junto a la mía,
y las voces que oigo
mientras leo en sus ojos
que el vacío que ocupo,
mientras estoy escribiendo,
no hallará la pregunta
que ellos (y yo) esperan,
porque nadie responde.
Un límite inquietante
que, tan calladamente,
siempre vuelve a mí."

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Gershwin's dream (El sueño de Gershwin)



Soñé todo sonido,
todo el énfasis,
todo el volar quebrado contra el cielo
entre crecidas púas
de este pequeño erizo que demostró ser monstruo.

Sumados los acentos, los ritmos, las herencias,
soñé la exacta música de la nueva Babel.
Soñé el mundo en mi mano,
y su mejor caricia
inflamaba Manhattan a fuerza de crisol.

Al compás de la historia creí vestirme de calle.

Me llamaban George Gershwin,
fui un soñador en Broadway.

Hoy comprendo mi genio,
la esencia del designio,
la lucidez del fondo:
por debajo del mundo,
de las púas crecidas,
sobrevive mi música a pesar de los muertos.

(Imagen: Retrato de George Gershwin.)

Publicado en el número 0,2, "Nueva York", de la revista de creación artística y literaria "Dulce ARSÉNICO" (octubre de 2008).

viernes, 14 de noviembre de 2008

"El amor incontable", nuevo poemario de María Elena Blanco

Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, nº 163.
Madrid, 2008.


UNA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO

Más allá de las categorías artificiales en las que tradicionalmente ha querido dividirse y encerrarse a la poesía –al respecto resulta paradigmático el supuesto enfrentamiento que en las últimas décadas habrían protagonizado en España una lírica de la experiencia frente a otra de la esencia-; más allá de ese afán de jerarquías críticas cuyo último objetivo, al fin y al cabo, no es otro que el de servir a intereses de parte, la experiencia mantenida de la lectura, y también la de la escritura, no tarda en revelarnos que, si se trata efectivamente de admirar con mayor precisión el moderno árbol de la poesía, podríamos encontrarnos, a lo sumo, con dos grandes y frondosas ramas naciendo del mismo tronco: una sería la que refunda el mundo nombrándolo de nuevo con expresión serena, sencilla incluso, y a través de imágenes cuyo mérito estriba en renacer con la pujanza de lo secularmente cultivado y florecido; otra sería la que, voluntaria o inconscientemente, renuncia a proclamar un mundo ya dicho mas no desentrañado hasta sus últimas consecuencias, asumiéndose, pues, la necesidad del riesgo, de la aventura lingüística y estética, para tratar de conocerlo mejor. Indudablemente, a esa segunda estirpe de poemarios pertenece el interesantísimo libro, publicado por Ediciones Vitruvio, que presentamos aquí: El amor incontable, de la escritora cubana, además de profesora universitaria, investigadora, crítica y traductora, María Elena Blanco.



Tras una sólida y amplia carrera –iniciada propiamente en 1990- en el terreno de la poesía, María Elena Blanco alcanza con este Amor incontable una cota singular, intransferible, en tanto que ello nos revela el hallazgo de una voz no sólo propia sino muy caminada ya también, plenamente segura de su estética y profundamente enraizada en los postulados éticos que la sustentan, como veremos. De entrada, señalemos que la impresión formal que recibimos de una primera lectura de la obra –y digo "primera lectura" porque El amor incontable es uno de esos mágicos libros que se disfrutan más a cada relectura-; la primera impresión que nos invade es la de un vendaval aquietado por el conjuro del verso musical, sabiamente ritmado sin el auspicio de la métrica ni las reglas clásicas pero con la intuición del golpe de voz, de la prosodia de una lengua poética que, paulatina y ostensiblemente, se dota de una singularidad más allá de la lengua misma. Y he aquí, a mi juicio, la médula intencional de El amor incontable: el amor como indudable "sentimiento rey", sancionado íntimamente por el corazón y externamente por la tradición; el amor, pues, postulado como un posible vehículo de comprensión del universo; el amor como experiencia fallida de intelección con el mundo desde una perspectiva usual del lenguaje, e incluso del lenguaje poético; el amor, en definitiva, asumido como "incontable" porque así también lo es el universo que nace necesariamente de él, y al que únicamente cabe acercarse, albergando así al menos ciertas esperanzas de comprender y ser comprendidos, por medio de una nueva y propia experiencia lingüística y artística. Por medio de una apasionada y apasionante aventura del conocimiento, en suma.

Los primeros y últimos versos de una de las piezas más bellamente arrebatadoras del libro, la titulada "Poema de amor", nos dan la pista definitiva para entender por dónde quiere llevarnos el sujeto poético en nuestra particular aventura como lectores: "contigo / protagonizar / mis versos más queridos", comienza diciéndole al objeto amado, para acabar de esta manera deliciosa: "vivir vicariamente en ti / las cien mejores poesías / de la lengua". "Vivir vicariamente": tal es la llave con la que autora y lectores habremos de intentar abrir las puertas del conocimiento del mundo. Y, dadas las limitaciones propias de la naturaleza humana, nuestro vicario, o si se prefiere nuestro auxiliar en tal empresa, será precisamente todo el bagaje idiomático e intelectual que acumulamos. "El poeta erige la medida / que abarca todas las miserias", afirma María Elena Blanco, mas a continuación añade: "y todos los idilios". No se trata en absoluto, por tanto, de renunciar a vivir, sino de poner en práctica lo que el sujeto poético proclama con sencillez al final de otro de los poemas de la obra: "entretanto / soy compañera efímera / amo / callo / aprendo". Amar, pues, para existir; callar para dejar de decir lo que no importa; aprender para conocer finalmente los misterios del fuego de la vida, eso tan antiguo robado por Prometeo "para ofrendarlo / a Gaia / y a sus huestes / de humanos / -de los que hasta hoy / muy pocos / sabemos / qué hacer / con él", como en otro momento señala la autora con ingenio notable. Quizá esa voluntad de aprendizaje de lo ígneo propicia la latente fuerza erótica de este poemario, cuajada a veces en piezas que se cuentan entre sus más logrados frutos, como los poemas "Lecho" –cierre de la primera parte de la obra, "Cámara lúcida"-, el citado "Poema de amor" o el prodigioso "Perlas de sueño", donde la presente aventura del conocimiento alcanza, en su verso final, el suave clímax de la revelación, de la epifanía, de la verdad poética: "La noche sabe dar lo que negó la vida".

"Vivir vicariamente" en El amor incontable es, por tanto, sumergirse en la existencia de la mano de la experiencia activa del lenguaje, de los juegos de palabras –los contenidos en los poemas "Piscina" o "Motel" resultan inefables-, de las metáforas al rojo vivo y las imágenes en salto mortal: "Muestra el cantón diestro, baja el puente / y franquea el foso de tu torre enclavada. / El mar ya un sol de sable y rosa: / vuela y alcánzalos", leemos en la penúltima estrofa del poema titulado "Parábola del pez con sol poniente". Y a la experiencia activa con el idioma se suma, por supuesto, ese bagaje cultural, amplísimo en el caso de la autora, que se arriesga incluso con el difícil ejercicio de la intertextualidad en la primera parte del poema "El plato quebrado", poniendo siempre al hecho poético en estrecha convivencia con la música –en sus vertientes popular y culta, y al respecto destaca la muy hermosa serie basada en el ciclo de La bella molinera de Franz Schubert-, con el cine –subrayemos las importantes referencias a Antonioni-, con la propia literatura y la mitología –Nausicáa, Casandra y las sirenas llegan a compartir versos con la Susana San Juan del Pedro Páramo de Juan Rulfo en el poema "Mar Tirreno", y en otro posterior Fílida abandona su mundo bucólico para devenir moderna mujer fatal-; en estrecha convivencia también con la historia y, cómo no, con la geografía. Porque si hay otro rasgo definitorio, característico en El amor incontable, ése es el de los diferentes marcos que acogen dicho sentimiento amoroso y sus consecuencias: la misma vida, por lo tanto. Aquí los escenarios predominantemente franceses, pero también austríacos, italianos o españoles, e incluso africanos, no suponen una mera ornamentación, sino las coordenadas precisas, los signos espaciales necesarios para dotar de realidad sensorial a lo vivido, siempre al borde de lo inasible en esta continua prueba de valor, en este perpetuo lance de tratar de explicar el mundo a través de la palabra, cuando, como bien señala la autora en el poema dedicado a Valerio, "La palabra era Dios. Mas Dios / no entraba entonces / en nuestro / pequeño / paraíso".

¿Cabe postular, pues, un resultado inmediato, satisfactorio o no, para toda esta aventura del conocimiento? Curiosamente, algo al respecto logramos intuir gracias a los poemas añadidos por María Elena Blanco a El amor incontable; me refiero a la pequeña y acertadísima selección que de su primer poemario de 1990, Posesión por pérdida, podemos encontrar cerrando el presente volumen, y viniendo a completar con absoluta justeza y justicia la nueva obra. Pues si El amor incontable concluye estrictamente con una lógica, coherente ironía de corte intelectual en la figura de Virgilio a través de Hermann Broch ("La maldita circunstancia de mi muerte. / (La tuya, Virgilio, ya la cantó magistralmente Hermann Broch / y es inmortal.)", el libro todo aspira en su cierre a la superación de la ironía por causa de lo inaprensible, de lo “incontable”, y ello merced al maravilloso poema "Swansong" ("Canto del cisne"). "Sólo cantábiles / mis mordidas palabras hacia el mar", escribe la autora. "Cantábiles", nada menos: he ahí la música otra vez. ¿Era, es, será siempre la música, en fin, el supremo lenguaje por encima de las "mordidas palabras", la suprema vía de conocimiento? ¿Voló, vuela, volará siempre el amor en las alas del canto, como soñara Mendelssohn, para dejar de ser un poco menos "incontable", y así el mundo con él?

jueves, 6 de noviembre de 2008

Presentación del número 0,2 de la revista "Dulce ARSÉNICO"

El próximo día 18 de noviembre, martes, a las 19:30 horas, en la Librería "Rafael Alberti" de Madrid (C/ Tutor, nº 57), será presentado el número 0,2, "Nueva York", de la revista de creación artística y literaria "Dulce ARSÉNICO", para el que he tenido la suerte y el honor de colaborar, y que ha contado con la dirección, y con la maravillosa edición y maquetación -como es costumbre- de mis excelentes amigas Eva Díaz-Ceso y Paz Cornejo.



He aquí la nómina de los autores incluidos en este apasionante número de la revista, dedicado a la más emblemática de las ciudades norteamericanas. Enhorabuena a todos.

Colaboradores: Óscar Marín Repollet, Carmen Camacho, Ana Santos, Milagros Valcárcel, Fernando Sánchez Calvo, Áreo Lórima, Estíbaliz Espinosa, Chema Castelló, Javier Esteban, Nacho Montoto, Agustín Calvo Vidal, Sonia Barba, Nuria Ruiz de Viñaspre, Diego Santos Sánchez, Juan Valera, Julio Castelló, Estel Julià, Rodolfo Franco, Antonio Daganzo Castro, Carlos G. Burgos, Mariano Peyrou, Gustavo Díaz Santiago, Sergio C. Fanjul, Simón Arriaga, Harkaitz Cano, Chema Ponte Surribas, José Luis García Herrera, Isabel Bono, Francisco Martínez Morán, Eva Díaz-Ceso, Andreu Navarra, Juan Pardo Vidal, Borja Criado, Marcos Wasen.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Comentario musical - Antonio José: la música recobrada



En estos esperados días en que nuestro país parece afrontar definitivamente la recuperación de su memoria histórica, o para dejarnos de eufemismos, el reconocimiento a tantas víctimas inocentes de la sinrazón franquista, y cumplido ya el 75º aniversario de la proclamación de la II República Española, resulta absolutamente indispensable asentar con una mayor amplitud de panorama -es decir, no sólo en el ámbito de la música culta sino también en el de la cultura general- la figura del compositor castellano Antonio José, quien estaba llamado a ser, según nada menos que Maurice Ravel, "el gran músico español del siglo XX", y que, por el contrario, hubo de compartir trágico destino con Federico García Lorca al ser asesinado en 1936, al poco tiempo de comenzar la Guerra Civil. Concretamente la madrugada entre los días 8 y 9 de octubre de aquel fatídico año Antonio José cayó abatido en el Monte de Estépar, a veinte kilómetros de Burgos, víctima del fuego desatado por los enemigos de la legitimidad, la inteligencia y el progreso.

Antonio José Martínez Palacios, sencillamente Antonio José para el mundillo artístico, había nacido en la misma ciudad de Burgos en 1902. Desde niño tuvo ocasión de demostrar sus extraordinarias aptitudes musicales, y pronto pudo ampliar sus estudios en Madrid gracias a una beca que le había concedido la Diputación de su provincia. En 1925 inició su carrera profesional como docente, y hasta 1929 enseñó música en Málaga; período durante el cual viajó a París en un par de ocasiones, becado nuevamente, y cumpliendo así con lo que se había convertido en el rito de juventud para todo compositor español que se preciase.

En el citado año de 1929 volvió a su ciudad natal para asumir la dirección del Orfeón Burgalés, cargo que ocupó durante la etapa republicana. Precisamente al comienzo de aquellos años, en 1932, le fue concedido el Premio Nacional de Música por su trabajo de investigación sobre el folklore musical de su tierra natal, que le valió la invitación a participar, ya en 1936, en el importantísimo, aún recordado Tercer Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología que se celebró en Barcelona. Cuando su carrera, pues, se encaminaba decididamente al punto máximo de su reconocimiento, Antonio José se vio sorprendido por la sublevación militar de 1936. Inocente de todo punto como lo era, el artista no se preocupó de huir; se creyó a salvo, sin contar con que al haber representando en su añeja ciudad, quizá mejor que nadie, los valores progresistas de la República, se había ganado irremediablemente el odio del conservadurismo socio-político español. Una falsa y absurda acusación de "espionaje e incitación a la rebelión", aderazada con el delirante argumento de haber simpatizado "con los judíos" (sic), se encargó de precipitar la tragedia. Y se cuenta que, pocos segundos antes de ser acribillado por las balas, un digno Antonio José, lleno de coherencia consigo mismo y de compromiso con la cultura y la sociedad, proclamó la religión constante de su vida, con el grito conmovedor de "¡Viva la música!".



La obra que Antonio José tuvo tiempo de legarnos demuestra sobradamente que el juicio de Maurice Ravel citado al inicio de estas líneas estaba bien fundado. Al margen de algunas carencias formales que ya señaló en su momento el musicólogo Adolfo Salazar -y que se hacen especialmente evidentes en el primer movimiento de su temprana Sinfonía castellana-, la música de Antonio José destaca sobremanera por el tratamiento exquisito que realiza del material directamente tomado del folklore; exquisitez lograda merced al refinamiento y exuberancia del color instrumental en sus composiciones orquestales, y siempre gracias a su prodigioso trabajo en la armonía, directamente influido por las novedades que llegaban de Francia, y singularmente loable en su obra coral, donde lo castellano alcanza una cota insuperable de universalidad, y en la pianística, donde causan asombro composiciones como el Poema de la juventud o la Sonata gallega. Con todo, y en este proceso de recuperación de su legado que en los últimos años ha venido desarrollándose, aún nos falta una pieza capital para entender la extraordinaria estatura de nuestro hombre como creador; y es que el pasado 2005, año de conmemoración cervantina, nuestro país perdió una ocasión de oro para poner en escena -pues se halla lista para ello- la quijotesca ópera de Antonio José El mozo de mulas, que el compositor dejó terminada, y casi totalmente orquestada, antes de ser asesinado. En cualquier caso, lo que ya conocemos de la obra es portentoso: un "Preludio" impresionista, pero que no olvida al Wagner más melódico en su intenso lirismo, y una "Danza popular" que, como ocurre con el Falla de la "Jota" final de El sombrero de tres picos, reinterpreta la característica fuerza orquestal de Ravel.

Por su colorido, su sustrato popular y su carácter sabiamente ingenuo -al respecto resulta muy significativo que una de sus obras orquestales precisamente se titule Suite ingenua-, quizá la obra de Antonio José, de haber podido crecer y madurar con normalidad, hubiera completado estéticamente a la del célebre Joaquín Rodrigo -músico estrictamente coetáneo del burgalés-; quizá incluso Antonio José era el llamado a disfrutar de la fama y el prestigio de los que finalmente Rodrigo gozó. El caso es que, tras el referido y vergonzoso asesinato, y años ulteriores de olvido, desinterés institucional e interesada marginación por parte de algunos, nuestro país ha recobrado finalmente la música de Antonio José. Tocar ahora coronar el esfuerzo de estos últimos años con la normal inclusión y definitiva presencia del creador burgalés entre los nombres históricos de la composición española. Y toca también, por supuesto, hacer de su música alimento cotidiano y orgullo cultural para todo un país. Pongámonos a ello.



(Imágenes 1 y 3: Retratos de Antonio José.)

(Imagen 2: Grupo de intelectuales burgaleses en 1934; Antonio José es el tercero por la izquierda.)

Artículo publicado en el número correspondiente al mes de junio de 2006 de "La Gaceta Cultural de Rivas", en Rivas-Vaciamadrid.

OBRAS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n°117; Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 217; Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n° 527; Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).


CARRIÓN
Ediciones Vitruvio, Colección de narrativa "De Jaque Libros", nº 4; Madrid, 2017.

Sinfonía de las palabras. Textos de Antonio Daganzo. Edición de Vicente Etxarte.

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