
El pasado 19 de enero se cumplieron los primeros 200 años transcurridos desde el nacimiento del fabuloso escritor norteamericano Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849). Confieso mi debilidad por la obra de este "maldito de malditos" cuya figura, a la postre, acabó encontrando prominente e indiscutible lugar en la historia de la literatura universal. Y no tengo empacho en reconocer que mi infancia y mi adolescencia se vieron marcadas -felizmente, gran paradoja- por el oscuro romanticismo de sus prodigiosas narraciones, llenas de invención cruel y macabra, tristeza furibunda, dolorosísima excentricidad y ese desatado infortunio capaz de pintar las mujeres más pavorosamente bellas que puedan imaginarse.
Con el correr de los años descubrí que Poe no sólo había demostrado temperamento y cualidades de poeta en sus relatos, sino que había escrito poesía stricto sensu, y de qué manera. Si bien es verdad que fue en la prosa donde acertó a desplegar todas las potencialidades de su estilo y talento, a Poe le debemos poemas tan absolutamente turbadores como El cuervo (The raven), Annabel Lee o este otro sobre el cual el compositor ruso Sergei Rachmaninov escribió, en 1913, una importante cantata para solistas, coro y orquesta: Las campanas (The bells). De él hoy queremos recordar, en versión bilingüe, la tercera de sus partes, debiéndose a Arturo Sánchez la traducción al castellano que figura a renglón seguido:
THE BELLS
III
"Hear the loud alarm bells-
Brazen bells!
What a tale of terror, now their turbulency tells!
In the startled ear of night
How they scream out their asfright!
Too much horrified to speak,
They can only shriek, shriek,
Out of tune,
In a clamorous appealing to the mercy of the fire,
In a mad expostulation with the deaf and frantic fire,
Leaping higher, higher, higher,
With a desperate desire,
And a resolute endeavour
Now -now to sit, or never,
By the side of the pale-faced moon.
Oh, the bells, bells, bells!
What a tale their terror tells
Of despair!
How they clang, and crash, and roar!
What a horror they outpour
On the bosom of the palpitating air!
Yet the ear, it fully knows,
By the twanging,
And the clanging,
How the danger ebbs and flows;
Yet the ear distinctly tells,
In the jangling,
And the wrangling,
How the danger sinks and swells,
By the sinking or the swelling in the anger of the bells-
Of the bells-
Of the bells, bells, bells, bells,
Bells, bells, bells-
In the clamour and the clanging of the bells!"
LAS CAMPANAS
III
"Escuchad las sonoras campanas de alarma.
¡Campanas de bronce!
¡Qué historia de terror cuenta ahora su turbulencia!
En el sobresaltado oído de la noche,
¡cómo chillan su espanto!
Demasiado asustadas para hablar,
sólo pueden chillar, chillar,
fuera de tono,
llamando clamorosamente a la misericordia del fuego,
en una loca discusión con el sordo y frenético fuego,
que sube más arriba, más arriba, más arriba,
con su desesperado deseo,
y un resuelto esfuerzo
ahora -ahora ponerse, o nunca,
al lado de la pálida cara de la luna.
¡Oh, las campanas, campanas, campanas!
¡Qué historia cuenta su terror
de desesperación!
¡Cómo rechinan, chocan y rugen!
¡Qué horror vuelcan
en el pecho del aire palpitante!
El oído comprende completamente,
por el tañido,
y el rechinar,
cómo mengua y sube el peligro;
el oído distingue claramente
en el doblar
y en el balancear
cómo se abate e hincha el peligro
por la fatiga o el aumento de la ira de las campanas,
de las campanas.
De las campanas, campanas, campanas, campanas,
campanas, campanas, campanas,
¡en el clamor y el estrépito de las campanas!"
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