Nosotros queremos hacernos eco de esta imprescindible celebración recordando uno de los poemas más hermosos que jamás se hayan escrito sobre la poesía y la arrolladora fuerza de su advenimiento. Se lo debemos a la voz poética quizá más clamorosamente auténtica y completa del siglo XX: la del chileno Pablo Neruda (1904-1973). Esta luminosa página pertenece a su vibrante poemario autobiográfico de 1964 Memorial de Isla Negra.
LA POESÍA
"Y fue a esa edad... Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.
Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento."

(Imagen: Pablo Neruda en la radio, durante una visita a Estados Unidos en 1966.)
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