martes, 23 de febrero de 2010

Un poemario: "Ana Frank no puede ver la luna", de Pablo Méndez

Ediciones Rilke, Colección Poesía, nº 1, 2010.





EL ESPEJO MADURO DE LA MUERTE

Lo diré de entrada y sin titubeos: con Ana Frank no puede ver la luna Pablo Méndez (Madrid, 1975) ha cuajado una obra grande; tanto que, el día de mañana, su análisis resultará fundamental para entender la evolución creativa de su autor. Así lo afirmo porque, ante todo, considero muy necesario tomar conciencia de que el jovencísimo escritor que en 1994 asombró con la negra frescura de Una flecha hacia la nada se ha ido convirtiendo, libro a libro, en un poeta tan completo como profundo, de lo cual este Ana Frank... es testimonio inmejorable. Ni el merecido éxito de una obra prácticamente inaugural, ni tampoco una posterior trayectoria donde la creación ha tenido que convivir con un incansable, fructífero y reconocido trabajo en el campo de la edición, debe hacernos olvidar que la obra poética de Pablo Méndez ha ido marcando significativos jalones en los últimos tres lustros, hasta llegar a este libro emocionante, incluso estremecedor, donde cada gesto lírico, como nunca antes en el quehacer de Pablo, nace no ya de la derrota de antemano, de la conciencia de fracaso inevitable, sino de la lacerante indefensión de las personas ante su destino idéntico.

No es casual que uno de los segmentos más notables del citado poemario de 1994 Una flecha hacia la nada se titulase ya "La muerte entre las manos". Porque la muerte, de manera explícita o implícita, es el tema central de Ana Frank no puede ver la luna, y sólo en torno a ella cabe postular una variedad de asuntos que resulte coherente con la intimidad del sujeto lírico, cuya experiencia ha hecho de él, a partes iguales, un desengañado irredento, sí –"no hay sabio / que pretenda declamar / otra lección", dice en el fúnebre y tremendo texto titulado "Amarguras de agenda"-, pero también el sabio que aprovecha y apura los instantes felices de la vida –como los preciosos, vibrantes poemas "Razón de cada día" y el propio "Ana Frank no puede ver la luna" que da título a la obra ponen bien de manifiesto-. Quizá de tal contraste provenga la radical emoción que transmite este libro, singularmente su primera parte, "Gato viudo", donde, a mi juicio, Pablo Méndez reúne el mejor puñado de poemas, el más desgarrador y extraordinario, que haya escrito y publicado hasta ahora.




El segundo segmento de la obra, "París, Estación", profundiza en un elemento discursivo apuntado ya en "Gato viudo", y del cual el libro de 2006 Alcalá Blues había constituido una singular aportación: el retrato de personajes en clave lírica pero en compás narrativo, por expresarlo con términos musicales. Seguramente por ello las piezas de "París, Estación" toman el definitivo molde del poema en prosa, deparando de tal modo una fluidez simbólica donde escritores como Azorín, Neruda, Blasco Ibáñez o Machado se convierten en sucesivas metáforas del dolor existencial a su paso por la capital de Francia, esa ciudad de belleza y magia inmarcesibles, ese París que, obviamente, aquí aporta la necesaria definición de lo eterno. Con toda lógica, pues, el libro presenta una tercera y última parte, una "Pequeña estación abandonada" –tal es su título- donde el verso se despoja de elementos accesorios por efímeros para encontrar en la definición de treinta vocablos la esencia perdurable de lo humano, luminosa y terrible al mismo tiempo. "Corazón del frío / que aún late", dice Pablo de la soledad, y, en efecto, así acierta a dejarnos: solos, solos y ateridos, ante la indescifrable puerta última del ser.

Si la misión del sujeto lírico es revelarnos la verdad profunda de las cosas, Ana Frank no puede ver la luna supone la más arriesgada aventura literaria que Pablo Méndez se ha atrevido a emprender: representándose como espejo de la muerte, y reflejando a su vez en nosotros su madura mirada, el poeta, a través de la sencillez discursiva, la transparencia metafórica, la libertad formal y el tono melancólico que le son habituales, consigue que lo existente se nos haga preciso, pulcro, insobornable en su fugacidad. E, indudablemente, semejante extremo lo reserva únicamente la poesía a sus mejores logros.


El poemario "Ana Frank no puede ver la luna", de Pablo Méndez, será presentado el próximo viernes 26 de febrero, a las 20 hrs., en el Pub "Castellana 210" de Madrid, con la presencia del autor del libro y de su editor, Javier Pérez-Ayala.

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OBRAS DE ANTONIO DAGANZO:

SIENDO EN TI AIRE Y OSCURO
Editorial Slovento, Colección Poesía, Madrid, 2004.
Prólogo de Bernardino M. Hernando - Ilustraciones de Eugenia Ábalos y Jorge Canto.


QUE EN LIMPIDEZ SE ENCUENTRE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n°117; Madrid, 2007.


MIENTRAS VIVA EL DOLIENTE
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", nº 217; Madrid, 2010; 2ª edición, 2014; 3° edición, 2015.
En Ecuador: El Quirófano Ediciones, Guayaquil, 2014.
Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía (España).
Finalista del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2010.


LLAMARSE POR ENCIMA DE LA NOCHE
Ril Editores, Colección Poesía, Santiago de Chile, 2012.
Texto de contraportada de Guido Eytel.
Con el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de la Frontera, Temuco (Chile).
Mención de Honor "Luis de Góngora y Argote" de Poesía, concedida por el Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea (España).


CLÁSICOS A CONTRATIEMPO (La música clásica en la era "pop-rock")
Ensayo divulgativo sobre música culta.
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2014.
Ilustraciones de Eugenia Ábalos.


JUVENTUD TODAVÍA
Ediciones Vitruvio, Colección "Baños del Carmen", n° 527; Madrid, 2015.
Premio de la Crítica de Madrid 2015.
Premio "Sarmiento" de Poesía (Valladolid, 2017).


CARRIÓN
Ediciones Vitruvio, Colección de narrativa "De Jaque Libros", nº 4; Madrid, 2017.

Sinfonía de las palabras. Textos de Antonio Daganzo. Edición de Vicente Etxarte.

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