Debía ser la partitura
"expresión de la grandeza del espíritu humano",
como tú definiste
para interno consumo,
dicha de gerifaltes
y preservar tu cuello.
1945, Unión Soviética:
dogmatismo festivo o amenaza,
experimentos nunca.
Pero te pudo el genio, el lenguaje
tan arduamente conquistado
y no otra cosa,
y, por si dudaban todavía
del libérrimo compás hacia la nube
que un viento dirigido no desgarra,
al punto propusiste el "Allegro giocoso",
el clarinete en vena,
los payasos del pueblo equivocando notas,
y al final la retórica sarcástica
de la coda que abjuraba de sí misma,
reiteración una y mil veces,
lugares conocidos muy poco conocidos,
qué hermosas disonancias burlándose de todo.
No te lo perdonaron, Sergei:
estabas fuera del júbilo,
no pueblo sino artista que disfruta en los flancos,
y la celebración devino fiesta loca,
alboroto.
"¡Formalista!", gritaron,
y te cubrieron de vergüenza marchitos los honores.
Hoy aturde tu música como el vodka a raudales.

(Imagen: Retrato del compositor ruso, de origen ucraniano, Sergei Prokofiev.)
2 comentarios:
No hace mucho estuve viendo al Bolshoi en el Real, Romeo y Julieta, de tu querido Prokofiev... espectacular, que te voy a decir.
salu2
¡Hola, Mariano!
Suerte la tuya: debió de ser una experiencia inolvidable. Y es verdad que admiro a Prokofiev. Igual que Shostakovich, me parece un genio asequible del siglo XX; de los imprescindibles para cautivar al público con los sonidos más modernos de la gran música.
Este poema de "Que en limpidez se encuentre" lo escribí, como todo el libro, en 2003. Cinco años después, en mayo de 2008, pude asistir a la mejor interpretación de la "Quinta" de Prokofiev que he escuchado nunca: el joven y genial músico venezolano Gustavo Dudamel dirigía a la Orquesta Nacional de España... ¡Vueltas que da la vida!
Un abrazo.
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