
"Como cenizas, como mares poblándose,
en la sumergida lentitud, en lo informe,
o como se oyen desde lo alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya aparte del metal,
confuso, pesando, haciéndose polvo,
en el mismo molino de las formas demasiado lejos,
o recordadas o no vistas,
y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra
se pudren en el tiempo, infinitamente verdes.
Aquello todo tan rápido, tan viviente,
inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma,
esas ruedas de los motores, en fin.
Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol.
Callado por alrededor, de tal modo,
mezclando todos los limbos sus colas.
¿Es que de dónde, por dónde, en qué orilla?
El rodeo constante incierto, tan mudo,
como las lilas alrededor del convento,
o la llegada de la muerte a la lengua del buey
que cae a tumbos, guardabajo, y cuyos cuernos quieren sonar.
Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir,
entonces, como aletea inmenso, encima,
como abejas muertas, o números,
ay lo que mi corazón pálido no puede abarcar,
en multitudes, en lágrimas saliendo apenas,
y esfuerzos humanos, tormentas,
acciones negras descubiertas de repente
como hielos, desorden vasto,
oceánico, para mí que entro cantando,
como con una espada entre indefensos.
Ahora bien, ¿de qué está hecho ese surgir de palomas
que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?
Ese sonido ya tan largo
que cae listando de piedras los caminos,
más bien, cuando solo una hora
crece de improviso extendiéndose sin tregua.
Adentro del anillo del verano
una vez los grandes zapallos escuchan,
estirando sus plantas conmovedoras,
de eso, de lo que solicitándose mucho,
de lo lleno, obscuros de pesadas gotas."

Este oscuro y tremendo poema de Pablo Neruda, "Galope muerto", pertenece a su atormentada y visionaria obra Residencia en la tierra, cuya primera edición vio la luz en Madrid en 1935.
Con él queremos hacernos eco del sufrimiento del pueblo de Chile tras los recientes terremoto y maremoto que han causado tanto dolor y devastación, desde la absoluta certidumbre de la fortaleza de este país hermano, que, una vez más, se levantará de sus ruinas para dar un nuevo ejemplo al mundo de coraje y dignidad.
1 comentario:
Más que comentaralo, aquí diré, con dos rimas, lo que me parecen los análisis "canónicos" del poema, es decir: todos los que se han hecho hasta el presente.
Cueca y soneto del análisis antiguo sobre ‘Galope Muerto’:
ese realizado por genios largos de corto alcance: los Doctos.
EL CUECO
A galope muerto trotan
cenizas de Polifemo,
molinos de paroxismo,
muerte, confusión, infierno.
Cuando el primero en tierra
ay, presentado,
los estilistas sabios
lo destriparon.
Es un delirio puro.
Verde onirismo.
Surrealismo craso.
¡Qué nerudismo!
Puros versos al trote.
Poco galope.
LA SONETA
Si galope muerto: traerle un lirio.
Lo mismo que al Polifemo: una vela.
Celebrado al paroxismo, revela:
muerte confusión, infierno delirio.
Desbarranque puro. Craso onirismo.
En penas de trote informe, catado,
sabios de estilo lo catan logado:
asocia forma libre: surrealismo.
"Confundo el espacio con el tiempo.
No distingo el sonido de la luz.
Me plazco en madurar ciruelas
muertas."
Ciego hablante condenado a un
tiempo
de vagar sin fin, a portar la cruz
de materia hostil, por abejas
muertas.
Que los buenos espíritus nos acompañen, y los otros se hagan los sordos.
Tengo la convicción que 'Galope muerto' merece una mejor lectura
que la que hasta ahora se ha hecho.
Fernando Arturo Reyes Franzani
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